SAN MARCOS (Guatemala) - Un devastador terremoto de 7,4 grados de magnitud sacudió el litoral pacífico de Guatemala el miércoles, mató al menos a 52 personas en dos provincias al tumbar gruesas paredes de adobe, provocar enormes deslizamientos de tierra hacia las carreteras, y provocar una estampida de pobladores despavoridos a las calles de este idílico pueblo de la cordillera situado cerca de la frontera con México.

Cien personas se encuentran desaparecidas, y cientos más resultaron heridas.

El sismo, que ocurrió a las 10:35 am, en medio de la jornada de trabajo, causó pánico en las comunidades indígenas en un área extraordinariamente amplia, y provocó daños en todas menos una de las 22 provincias de Guatemala. El estremecimiento de la tierra se sintió en ciudades lejanas como ciudad de México, a más de 900 kilómetros (unas 600 millas) al noroeste.

En una conferencia de prensa, el presidente Otto Pérez Molina dijo que 40 personas murieron en la provincia de San Marcos y otras ocho, en la vecina región de Quetzaltenango.

"Como guatemalteco me siento triste", dijo el presidente Otto Pérez Molina cuando visitó el hospital de San Marcos. "Me da tristeza ver llorar a las madres que han perdido sus hijos".

Al caer la noche, cientos de residentes merodeaban por las calles con ponchos y cobijas sin retornar a sus casas por miedo a las replicas.

Cuerpos de socorro continuaban su intento desesperado por rescatar a siete personas que se creían que estaban enterradas vivas en una cantera de arena.

Más de 300 personas, entre bomberos, policías y pobladores, trataron de excavar una media tonelada de arena de una cantera en un centro comercial de la ciudad.

Sin embargo, hasta el momento sólo habían rescatados dos cuerpos y la cabeza de un tercero.

Entre las víctimas estaba un niño de seis años de edad que había acompañado a su abuelo a trabajar.

"Quiero ver a Giovanni, quiero ver a Giovanni, el nene no está muerto. Sáquenlo ya", dijo Francisca Ramírez, madre de 42 años del niño que al parecer quedó sepultado por los escombros. Ramírez dijo que el padre del menor emigró a Estados Unidos y que le ha sido imposible localizarlo.

Efraín Ramos ayudó a cargar un pequeño ataúd con el cuerpo de su sobrina de seis años, quien fue aplastada por una pared mientras jugaba en su habitación.

Acompañado por la madre de la niña y su abuela, cargaba el ataúd que habían envuelto con un encaje blanco de los escalones de la morgue de San Marcos a una camioneta.

"Es mi sobrinita, la chiquita que le cayó una pared encima", dijo Ramos consternado.

La madre de la niña abrazó el ataúd mientras sollozaba incontrolablemente.

Ramos dijo que la familia iba a llevar el ataúd de su sobrina Rosa, hasta la casa donde será velada.

Hubo cuatro réplicas fuertes del terremoto en horas de la tarde.

Pérez Molina voló a San Marcos para constatar los daños. Dijo que la cifra de muertos era de 48, ubicados en la exuberante región montañosa donde habitan 50.000 agricultores y ganaderos indígenas, muchas de ellos pertenecientes a la etnia Mam.

El mandatario dijo que el gobierno iba a pagar los funerales de las víctimas de esta región pobre.

Muchos de los coloridos edificios de adobe del centro de San Marcos, de unas 10 millas cuadradas, presentaban daños o se habían reducido a escombros, incluyendo la estación de policía y el palacio de justicia.

El temblor dejó una gran cicatriz en una de las calles, y cientos de aldeanos asustados se negaron a volver a sus hogares.

Cientos de personas abarrotaron los pasillos del hospital de la pequeña ciudad a la espera de que el personal médico ayudara a cientos de sus familiares heridos. Algunos se quejaron de que no estaban recibiendo una rápida atención.

Ingrid López, quien fue al hospital con una tía de 72 años de edad y cuyas piernas fueron aplastadas por una pared que cayó, dijo que había esperado horas para hacerse una radiografía.

Pérez Molina se mostró sorprendido al ver a los heridos en el hospital y a cientos de familiares desesperados por ser atendidos por doctores. "Una cosa es escuchar lo que pasó y otra cosa muy distinta es verla como ahora", dijo.

Los daños del peor terremoto que haya estremecido al país desde un mortífero sismo de 1976 se concentraron en la provincia de San Marcos situada a más de 140 kilómetros al norte del epicentro.

En las calles, decenas de casas quedaron reducidos a escombros mientras que cuerpos de emergencia ayudaban a rescatar a personas que naufragaron en los escombros de los derrumbes de las viviendas. Algunas calles estaban divididas por profunda grietas.

Las autoridades dijeron que cien personas estaban desaparecidas, la mayoría en San Marcos, población rodeada de montañas cubiertas de vegetación.

Funcionarios del hospital en San Marcos dijeron que habían recibido 150 heridos.

"He estado en Guatemala por casi dos años y estoy acostumbrado a los terremotos. Esto era mucho más grave, mucho más tembloroso", dijo el voluntario del Cuerpo de Paz Adam Baker, de 27 años, originario de Indiana, que tuiteó una imagen de un pequeño alud que se deslizó detrás de su casa ubicada en el estado de Quetzaltenango. "Hubo cosas que se cayeron de mi cocina".

Pérez Molina dijo que más de 2.000 soldados fueron desplegados desde una base en San Marcos para ayudar en las labores de rescate y atención de víctimas. Un avión ya había hecho dos viajes con equipos especiales de socorro a la zona.

El mandatario también pidió a los pobladores que se quedaran donde estuvieran mientras el personal de emergencia arribaba al lugar donde se encontraban las víctimas de los caminos que no habían sido bloqueadas por los deslizamientos de tierra o los escombros.

También alentó a las personas habitantes de las zonas afectadas para quedarse afuera y lejos de los edificios altos.

El sismo consternó a los guatemaltecos en todo el país y decenas de organizaciones recaudan ayuda para más de 165.000 personas que se quedaron sin luz eléctrica ni agua potable.

Entre ellos, ocho universitarios de la sede regional de la Universidad de San Carlos llegaron al hospital de San Marcos cargando cajas con antibióticos, analgésicos, gasas e insumos de primeros auxilios.

Eblin Cifuentes un estudiante de derecho de 26 años de edad dijo que el y sus compañeros habían estado recaudando insumos para un proyecto escolar pero al oír el grado de devastación decidieron llevar las cajas al hospital.

"Viendo la magnitud del sismo, creemos que la gente aquí en el hospital lo necesita más" dijo Cifuentes. "Gracias a Dios a nosotros no nos paso nada y por eso tenemos que ayudar"

David de León, portavoz de la dirección protección civil, dijo a radio Emisoras Unidas que mas 17.000 personas fueron afectadas y los funcionarios estaban trabajando en evacuaciones y operaciones de socorro.

Pérez Molina dijo que 150 personas habían sido evacuadas de San Marcos por avión.

El Ministro de Comunicaciones e Infraestructura dijo a Emisoras Unidas dijo los aludes de tierra habían bloqueado varias carreteras al oeste del país, y que se necesitarán al menos 24 horas para restablecer la comunicación y el servicio de transporte a San Marcos.

Un portavoz de la filial de la Cruz Roja de El Salvador dijo a The Associated Press que el sismo se sintió en el país, que muchas personas huyeron de sus hogares en la capital, pero no hubo reportes inmediatos de heridos o daños graves.

El alcalde de la ciudad de México dijo que no hubo daños graves ni heridos en el distrito federal, aunque muchas personas salieron de sus oficinas y hogares durante el terremoto.

En San Marcos, 91 presos, entre ellos cinco mujeres, fueron amontonados a un lado de una improvisada cárcel de adobe que tenía grietas desde el suelo hasta el techo y que amenazaba con derrumbarse.

"Preferimos quedarnos aquí y reconstruir la cárcel a ser desplazados", dijo el preso Benjamín Tomas Gómez. "Eso va a ser difícil para nuestras familias".

Pérez Molina dijo que transfirieron a los prisioneros a un poblado.

El epicentro del sismo se ubicó a 32 kilómetros (20 millas) de profundidad, mar adentro y 24 kilómetros al sur del poblado de Champerico, de acuerdo al Servicio Geológico de Estados Unidos.

El lugar se encuentra a unos 160 kilómetros de la capital guatemalteca, en una región montañosa cerca de la frontera noroeste con México.

Este terremoto es el más fuerte que se ha registrado desde que el 4 de febrero de 1976 cuando un sismo de 7,5 dejó 23.000 muertos y muchos más miles de heridos al norte de la capital.

El desastre natural aún es recordado por los residentes del país centroamericano como una de las más grandes tragedias de las últimas décadas.

El servicio geológico informó inicialmente que la magnitud había sido de 7,5, pero luego disminuyó a 7,4.