Un beso es una de las cosas más maravillosas que una persona enamorada puede gozar en esta vida.  ¿Pero qué pasa si ese chico que te gusta, con el que estás empezando a salir o, incluso, que ya te enamoraste, es un terrible besador? Las preguntas surgen de a miles: ¿no se da cuenta de que eso que hace con su boca no tiene nada que ver con un beso? ¿Nadie le enseñó a besar? ¿Se puede construir una relación con un hombre que no sabe besar? ¿Lo debería dejar? ¿Por qué me tocó a mí?

Ante todo, no hagas  de esto un tema apocalíptico. Sabemos que es una cuestión complicada, que atenta contra el amor, la intimidad e incluso la sexualidad, pero todo tiene solución. Lo primero que debes tener en cuenta es que lo más importante es el amor. Si te haz enamorado, siéntete privilegiada. Has encontrado a un hombre que amas y que te ama, con el que disfrutas, te ríes y sueñas con pasar mucho tiempo juntos. Da el valor correcto a cada cosa.

Un mal besador puede tener 3 orígenes: que no le pone ganas, que le pone demasiadas ganas o que su dominio de boca y lengua es deficiente. ¿Se puede corregir?

Lo más complicado es abordar el asunto. ¿Cómo le dices a tu chico que sus besos son un desastre y que en cuanto se te arrima es en lo único que piensas? Es difícil. Lo importante es armar una estrategia según la personalidad de cada uno. Lo ideal, en la mayoría de los casos, no es sentarse y etiquetarlo como “mal besador”. No se lo digas. Crearás un tema que los distanciará y, a partir de allí, los dos sólo podrán pensar en eso mientras se besan.

Lo ideal es con cariño, tacto y sutileza, ir corrigiéndolo, delicadamente, indicándole lo que te gusta o lo que no te gusta, beso a beso, caricia a caricia.

Algunos comenten sus errores con la lengua. Es como si metieran un tornado en tu boca que se retuerce arrasando con todo lo que encuentra. Otros, con habilidades asombrosas, son capaces de llevarla hasta la garganta. ¿Cómo puede pensar que eso me gustará? Algunos creen que deben hacerte una limpieza bucal o limarte las encías.

Hay quienes besan si tuvieran una goma de mascar o comiendo un buen filete. Mueven su mandíbula en movimientos breves, veloces o como si fueran las fauces de una fiera.  Otros convierten a sus labios en dos férreas líneas, duras, secas, que en vez de besar es como si te rechazaran, como si estuvieran vigilando que ninguna lengua intrusa invadiera esa morada.

Propónle un juego erótico: él debe cerrar los ojos y dejar su boca inmóvil, con los músculos completamente relajados, a merced de tus labios. Ve, de a poco, mostrándole la magia de un verdadero beso. Hazlo gozar delicadamente, muéstrale cómo se besa, haz correctamente lo que él suele hacer mal e insiste sobre eso.

Lo importante es, una vez más, que ha llegado el amor a tu vida. Todo lo demás es secundario. Un terrible besador se convertirá, con el tiempo, en uno mediocre. Y cuando no te des cuenta, ya será un gran besador. Ámalo así, como es. Tú también tendrás tus defectos...